No es frecuente plantear que la percepción sea una línea de puntos suspensivos que, de cerca, se advierten distanciados pero que de lejos se ven como una línea continua. Es propiedad de una atención eficiente el convertir la continuidad de la línea en intervalos de puntos. Así, es posible detectar los intervalos de no-punto y encontrar allí no-objetos sustentados todos también por la Conciencia.
Una mente no acostumbrada a permanecer atenta y aquietada en el mundo interno, observa su interior y lo ve como un entramado de líneas continuas, donde no se aprecia intervalo alguno. Es ello lo que genera la incapacidad de situarnos en el intervalo del no-punto, del no-objeto.
Localizarse en el no-punto se logra de diversas formas. La devoción basada en el sentir inegoísta favorece su aparición. De igual manera la ecuanimidad budista basada en la compasión amorosa —karuna—, también lleva al no punto cognitivo.
Ramana planteó la autoindagación —vichara—, como herramienta para situarse en el no-punto, en el no-objeto. En mi caso, como ancestral meditador, utilicé la herramienta de ser consciente de la propia existencia. La simple certeza de «ser», «soy», sin caracterización alguna, permite afincarme en el interior sumido en un estado de sorpresa atenta que va cobrando inercia hasta la aparición del no-punto.
Lo no-punto revela, en primera instancia, la ausencia de historia del propio perceptor para, posteriormente pasar a la autoindagación que lleva a la No-dualidad. Todo el proceso de 40-45 años de mi práctica meditativa ha servido para experimentar a profundidad los diferentes niveles de No-dualidad.
Ustedes tienen que investigar y encontrar la suya propia. Una herramienta que les permita vivenciar el no-punto y lograr la no-historia para, finalmente, advertir la No-dualidad. No les servirá ningún pensamiento, ni una emoción, ningún constructo mental. Deben experimentar algo diferente a todo eso; se parece más a un estado vivo de sorpresa, de quieto sentimiento no dirigida a nada ni nadie. Implica un posicionamiento interior que no busca meta, sin inicio, ni final, alimentado por sí misma y no por la voluntad.
El no-punto, la no-historia, poseen una inercia inmensa. Permanecer allí, por un corto tiempo de manera continua, retroalimenta el sistema haciendo la percepción tan intensa, que los sentidos físicos tienden a desconectarse, y con ello desparecen los ruidos y la sensación corporal.
