La práctica meditativa externa e interna.
La tradición es relativamente explícita cuando hablamos de la práctica interna de meditación. La referencia que tenemos es una persona quieta, sentada en el bosque, introvertida, haciendo vaya a saber qué, y esa visión es la visión primera que tenemos de lo que es la práctica meditativa.
La práctica meditativa tiene dos vertientes, una en la que la mente percibe a través de los sentidos los objetos externos, y otra a través de la cual la mente percibe a través de la memoria los objetos internos.
Los objetos externos irradian termodinámicamente. Los objetos externos cumplen las leyes de la física, cumplen la primera y la segunda ley de la termodinámica: la ley de la entropía y la conservación de la energía. Todos los objetos externos que percibimos a través de los sentidos, cualquiera de los cinco sentidos, tienen esta propiedad termodinámica. Se estudian a través de las leyes de la física.
Los objetos internos tienen que ver con la mente y sus propios procesos internos, y no irradian termodinámicamente, razón por la cual no se los puede detectar. Lo más que hacemos es detectar campos eléctricos y campos magnéticos en el cerebro, pero no podemos detectar las representaciones que esto produce a nivel conceptual como “nombres y formas”.
La práctica meditativa siempre ha sido del mundo interno, es decir, de la interpretación de la mente respecto a los objetos producidos en la memoria e interpretados por la mente. Los objetos externos, o la práctica externa, son aquellos que de alguna manera la mente detecta e interpreta con ciertas características termodinámicas. Las casas, las personas, el aire, el viento. Pero no así los sentimientos, las emociones, que no se pueden medir.
No hay una sonda que pueda medir el sentimiento, el dolor, la curiosidad. Se siente interiormente y se reconoce. No se puede medir, porque termodinámicamente no irradia ningún tipo de actividad que pueda ser detectada por una sonda.
Algunas tradiciones son muy expertas en la práctica interna. Algunas pocas insinúan la práctica externa. Por ejemplo, el proceso de contemplación cristiano, el baile derviche sufí, y algunas otras experiencias de tradiciones son capaces de mostrar ciertas técnicas. Pero no hay un modelo que sea claro sobre el cual se represente ese proceso.
En el Advaita tenemos lo que es la práctica interna claramente establecida al igual que la práctica externa. El modelo sobre el cual basamos las dos experiencias, es que en la práctica interna la atención debe depositarse prioritariamente sobre el testigo, mientras que en la práctica externa la atención debe depositarse prioritariamente sobre lo atestiguado. Esa es la esencia del modelo, no es más que esto.
Errores cognitivos en la práctica externa e interna
Nosotros funcionamos al revés cotidianamente. Hemos maleducado la cognición. Cuando los sentidos están activos, creamos distancia y aparece el preceptor. Entonces la sensación de ser preceptor es predominante.
Cuando estamos adentro, en vez de ser preceptores nos vamos a lo percibido, nos vamos con los pensamientos y nos perdemos en ello.
Esta falsa disposición de la atención es la que produce Maya. Entonces le damos pie a que la Divina Ignorancia aparezca en forma de la Dama Oscura, como se le suele llamar a Maya.
Para corregir esta circunstancia tenemos que aprender a proyectar la atención cuando los sentidos están activos afuera.La atención debe, como lapa, colgarse a los objetos de percepción. Y cuando estamos adentro, la percepción va sobre el testigo. Ni siquiera va sobre la ausencia de historia del perceptor. Va sobre el propio testigo y al testigo lo convertimos en objeto de percepción. Eso hace que emerja la No-dualidad.
