Vamos a ver los diferentes procesos que operan en la mente y cómo estos procesos, por afianzamiento y repetición, crean la cárcel cognitiva en la que nos encontramos. En todo ello está Tahna.
Tahna: sed de vida. Es la energía primordial que impulsa y produce la diferenciación. Es lo que da lugar al concepto de yoidad, al sentido de separación, de inestabilidad y de impermanencia. Su energía es instintiva e inconsciente: la sed de existir, la sed de diferenciarse, el impulso hacia la diferenciación.
Raga: ese impulso de diferenciación genera primero, a nivel mental, un sutil deseo, un sutil anhelo, un gusto apenas perceptible. Es como el aroma de una flor cuando se está a cierta distancia: apenas se nota. Ese deseo sutil aparece en todos los campos, tanto comportamentales como cognitivos.
Lo que induce la sed de vida es una sensación de identificación. En esencia, sujeto y objeto no son diferentes; por eso existe una tendencia natural al encuentro, como dos partes de un imán que buscan reunirse tras haber sido separadas.
Saber y amor como fuerzas integradoras
La sed de vida induce en el sujeto la necesidad de reencontrar su naturaleza intuitiva y esencial. A medida que aparece el instinto de diferenciación, surge también su simetría. Esa simetría son el saber y el amor como fuerzas integradoras.
Estas fuerzas se manifiestan como curiosidad, búsqueda de conocimiento, deseo de comprensión, necesidad de amar y anhelo de felicidad. A medida que emerge el sentido de diferenciación, también aparece un campo que tiende a reunir nuevamente lo separado.
Lo que tiende a separar es Tahna, la fuerza de vida orientada a la diferenciación. Lo que tiende a integrar es la fuerza del amor y del saber. Surge entonces la necesidad de contacto y reconocimiento. Pero, debido a la diferenciación, el contacto con el objeto se transforma en identificación con él.
Esa identificación hace que el objeto parezca necesario e imprescindible para el sujeto. Hace creer que conocerlo traerá felicidad. Y esa fuerza básica de atracción producida por la identificación se denomina Raga, el deseo sutil.
Ese deseo ya contiene una dinámica esencial donde operan dos fuerzas: la ignorancia, que produce una identificación incorrecta con la percepción, y la tendencia natural de lo que fue separado a buscar nuevamente la unión. Estas dos fuerzas son constantes, porque lo que existe esencialmente es la No-dualidad: un entrelazamiento entre quien conoce y lo conocido.
Pero las cosas no terminan ahí. Ese deseo sutil, por constante identificación, empieza a producir un refuerzo llamado Kamma.
Kamma: cuando el deseo se vuelve hábito.
Cuando el deseo sutil es repetido una y otra vez, sentido, pensado y alimentado constantemente, empieza a producirse un hábito.
Cuando Raga se habitúa, surge Kamma: pasión, gusto profundo, afianzamiento del deseo. Es cuando el deseo se convierte en necesidad, cuando se diferencia de otros deseos y cobra identidad propia.
Es difícil expresarlo con una sola palabra. Por eso se habla de pasión: el deseo sutil adquiere consistencia, intensidad y una especie de vida propia.
La pasión posee fuerza para retroalimentarse. Crece constantemente, afianzando y engrandeciendo el hábito.
Debido a la ignorancia, la persona sigue identificándose con lo limitado. Lo superior, lo eterno y esencial en ella podría expresarse como fuerza de amar y de conocer; pero, al no reconocerlo, proyecta sobre el objeto externo aquello que en realidad pertenece a su propia naturaleza.
Entonces cree que necesita al objeto, que la felicidad depende de él, y deposita fuera de sí lo que interpreta erróneamente como separado.
Cuando el deseo no se cumple
¿Qué ocurre cuando ese deseo afianzado no se satisface? ¿Qué pasa cuando Kamma ya tiene fuerza propia y es frustrado?
Cuando la pasión es coartada, cuando no se le permite expresarse o alimentarse, aparece su primera simetría: Krodha.
Krodha es ira, pasión violenta. Lo que comenzó como un deseo sutil, al afianzarse y frustrarse, se transforma en ira. Con ella aparecen otras manifestaciones intensas: violencia, miedo, tensión, esfuerzo, desesperación, inquietud, tristeza, angustia. La mente entra entonces en una diversificación conflictiva donde empieza a perderse.
Subsistir como individuo
El deseo sutil de un instante, reforzado por la ignorancia, se convierte en patrones constantes de reacción. Estas simetrías repetidas conforman modos específicos de conducta que la personalidad adopta para defenderse y subsistir como individuo.
Decíamos que en la base de todo está Tahna, la fuerza hacia la diferenciación. Produce la sensación de separación entre quien conoce y aquello que conoce. Por refuerzo aparece Kamma. Esa sensación cobra vida y afianza a la persona en su individualidad. Cuando esta sensación se consolida, surge Krodha.
En este proceso aparecen respuestas cognitivas cada vez más complejas. En el ser humano, una de sus expresiones fundamentales es el lenguaje: capacidad de diferenciación tácita dentro de la cognición misma.
El descontrol mental
Cuando aparecen estas simetrías conflictivas, cuando surge Krodha con todas sus vertientes, la mente entra en lo que se denomina Samoha-ha.
Samoha-ha es descontrol mental. Es duda, inquietud, inseguridad constante frente a la percepción. Produce falta de claridad sobre asuntos propios o ajenos. Es como navegar en un limbo donde no se sabe con certeza qué opera en la propia mente. Las sensaciones dominan, pero no pueden identificarse claramente.
Cuando una persona siente temor y no sabe qué le ocurre, cuando no puede situarse con claridad frente a lo que vive, eso es Samoha-ha.
El ser humano entra entonces en la imposibilidad de decidir, en la dificultad para saber qué es conveniente, correcto o válido. Y, ante esa inseguridad, suele supeditarse a la opinión de terceros, del grupo, de una tradición o de una religión. Así compensa su ignorancia: toma como norte algo externo que le brinda sensación de seguridad, aunque no resuelva realmente su conflicto interior.
El olvido de lo esencial
Luego aparece el olvido de lo fundamental. Se olvida el fundamento de la enseñanza esencial, se olvida lo que somos. Olvidamos que somos una Conciencia integrada que, desde la No-dualidad, percibe la diversidad sin quedar separada de ella.
El Amor y el Saber siguen presentes, pero velados: como el sol oculto tras las nubes o por la noche tras la sombra de la tierra. Entonces nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos en un ciclo repetitivo llamado Samsara, sin encontrar una puerta clara hacia la comprensión de lo que somos.
Las respuestas sobre nuestra identidad las dan otros: físicos, filósofos, médicos, políticos, religiosos. Unos dicen una cosa y otros otra. Y terminamos creyendo definiciones ajenas porque carecemos de claridad propia.
Cuando no hay comprensión interior, la tendencia es someterse a una autoridad externa: una institución, una ideología, una pareja, el poder, la tradición. Y así nos olvidamos de lo que somos.
La pérdida de discriminación mental
Después aparece la ausencia de discriminación mental. Es la facultad de distinguir lo que algo es y lo que no es; de percibir cualidades, diferencias, matices. Es la función del intelecto que ilumina los objetos y permite comprenderlos.
Cuando una persona está sometida a terceros o a su propia ignorancia, pierde esa claridad. No sabe valorar los eventos, categorizar emociones, comprender pensamientos ni discernir niveles de experiencia. Se vuelve cada vez más ignorante porque ya no puede decidir con lucidez. No puede sostener una opinión propia, comunicar ideas con certeza ni comprender profundamente lo que vive.
Ya no sabe qué es lo fundamental, ni siquiera qué busca del mundo.
La destrucción total
Aparece la destrucción total: vivir en la ignorancia. Es vivir atrapado en un rol, en una tormenta kármica que prolonga una vida infeliz y decepcionante. Es perder las herramientas interiores.
A veces la confusión llega a ser tan intensa que la persona preferiría no vivir antes que enfrentar experiencias que no puede comprender ni manejar. Cuando falta claridad, discriminación y memoria de lo esencial, nada parece valer. La vida pierde sentido porque los mecanismos interiores ya no ofrecen una salida coherente.
Así se encadenan los escalones: Raga, Kamma, Krodha, Samoha-ha, pérdida de discriminación y destrucción. Son etapas que conducen a la dificultad y a la incomprensión de lo que somos en esencia.
